El Illia es algo que se vive todos los días, pero se potencia en los campamentos y viajes, días de la primavera, locros y juegos de ingenio. De ahí salen las mejores anécdotas, como por ejemplo:

    Durante el viaje de Medio Ambiente de 4º a Cuyo, estando en San Juan, Maru, Juli, Nico Salas y yo nos enfermamos (por distintos motivos y con diferentes síntomas, pero todos de tipo digestivo). Así que pastilla de carbón va, reliverán viene, nos llevaron al hospital público de San Juan. Allí se desarrollaron algunos de los que vivimos como los peores momentos de nuestra vida, aunque ahora parezcan graciosos: las 4 horas de espera para que nos atiendan, los periodistas con cámaras de televisión gigantes filmando nuestras caras demacradas para mostrar las desastrosas condiciones del hospital, y finalmente, el cartel de “Clausurado por Epatitis C” (sic) adornado con una simpática calavera en uno de los dos únicos bañitos. ¡¡¡Auxilio!!!

     También en el viaje de Medio, pero en Talampaya, tuvimos un episodio no muy grato para Juan (G.). Resulta que nos encontramos con unos (demasiado) amables polacos, cuya sociabilidad aumentó considerablemente a la madrugada y con varios tetras encima. Ya cuando nos íbamos a dormir para las carpas, los tres se habían puesto cariñosos y muy dispuestos a comunicarse (en inglés). Después quedamos Sofía Hidalgo, Maru B. y yo haciendo la guardia, a merced de estos extranjeros que se empezaron a poner cargosos, sin soltar nunca la cajita de la mano. Cuando uno se nos había instalado, agachado en cuclillas y mirándonos fijamente y muy de cerca, llegó Juan un poco nervioso. Luego de más o menos tirar la puerta abajo llamando al sereno y putear un poco a los tres tipos, se fueron a dormir tambaleándose un poco. A la mañana siguiente, resultó que eran un equipo que trabajaba para la National Geographic. Sin palabras...

     Por allá lejos, en  8º , teníamos a Rita Falcone en historia. Pero llegó el infaltable practicante, que produjo en las chicas un efecto hechizante porque, sencillamente, estaba bárbaro. Comprador, y también consciente de sus “poderes”, nos ofreció generosamente su casa para reunirnos, y su ayuda para la obra de teatro sobre Atenas que tenía que hacer nuestro grupo (exactamente la mitad del curso). Así que aceptamos sin ningún problema ambas cosas, lo que dio como resultado: averiguar por primera vez en la vida qué se siente tener una serpiente enroscada en en cuello; ver cómo se la alimenta con ratones muertos; observar en primer plano un respetable ejemplar de tarántula. ¡El practicante resultó ser un fanático de estos bichos!  Obviamente, la obra fue aprobada y completamente pensada por él; además, ese día nos invitó a todos a tomar la leche. Te queremos, Juancito.

     Las clases de Maggi forman todas una gran anécdota. Ella era... didáctica, interactiva, promovía nuestra participación... Por eso escuchamos a Jorgito Illia explicarnos durante dos clases seguidas con mapas conceptuales y todo la diferencia entre novillos y toritos, vacas y vaquillonas, terneros y terneras, y el todo el resto del ganado vacuno. O teníamos apasionados debates en torno a la parejita Lucas Sasiain y su novia de 5º, que ella miraba con encantadora ensoñación a través de la ventana suspirando: "¡Qué tiernos!".