La primera noche que pasé en Bariloche, llegamos medios tomados al hotel y, un amigo de otro colegio, tenía ganas de ir al baño a cagar, pero en el hotel no existía el baño de Carlitos, entonces no se le ocurrió mejor idea que hacer lo que tenía que hacer en la escalera del hotel. Salió corriendo y se metió en el cuarto y a los cinco minutos, golpearon la puerta y apareció el concerje. Lo señaló a él y lo mandó a juntar el tereso. Desde ese día apareció un nuevo compañero, el Sr. Caca, que estuvo con nosotros hasta el último día del viaje.