BARILOCHE   

(de las que se pueden contar...)

  Una noche, luego de haber ido a bailar a BY PASS, estábamos Mica, Clara y yo aburridas en nuestro hotel (Interlaken) molestando a la gente por teléfono y comiendo galletitas. Así que se nos ocurrió ir al hotel Valgarden, que estaba a la vuelta del nuestro, al lado de by pass, y salimos a la calle ( Clara en pantuflas y con el paquete de galletitas en la mano) y nos dirigimos rumbo al hotel en el que estaba parando una amiga. Entramos (el conserje no estaba) y nos subimos al ascensor. Fuimos hasta la habitación de nuestra amiga, abrimos la puerta (estaba todo a oscuras) y la llamamos pero estaban todos durmiendo y nadie contestó. Clara huyó porque tenía miedo de que nos descubrieran y Mica y yo nos dirigimos al 5º piso a visitar a un chico que tampoco encontramos. Volvimos a planta baja, donde ya estaba el conserje y huimos sanas y salvas sin que nos preguntara nada.

 EN EL COLEGIO

 

 Una vez, estábamos Agus y yo sentadas en la puerta del teatro, habíamos logrado escaparnos de la charla de los refugiados que estaban dando en el colegio, y nos dedicábamos a divagar como siempre. Todo marchaba bien hasta que de repente, se escuchó una fuerte explosión proveniente de las puertas que estaban enfrente nuestro, en donde está una caldera, acompañada de fuego y humo. Las puertas se abrieron y nosotras huimos. Realmente las consecuencias podrían haber sido peores pero por suerte no lo fueron (aunque muchos se lamenten). Dicen que los gatos tienen siete vidas, ahora nos quedan seis

    EN LA CALLE

   Varias veces, luego de ir a bailar, con Mica nos volvimos juntas en colectivo. Pero creo que la vez que peor la pasamos fue cuando, al salir de club xxv nos tomamos determinado colectivo. Todo iba muy bien hasta que de repente nos dimos cuenta que el colectivo estaba prácticamente vacío, excepto por cuatro o cinco hombres, con cara de pocos amigos, y el colectivero. Nuestra preocupación fue mayor al notar que el “transporte público de pasajeros” iba por un descampado, calle de tierra y muy solitario. Evidentemente nos habíamos equivocado de colectivo (por mi culpa) y tuvimos que esperar en la empresa, donde termina el recorrido, a que saliera otro micro; no fue muy grata la espera ya que pensábamos todo el tiempo que nos iban a matar. Finalmente, nos tomamos el colectivo correcto para dirigirnos a mi casa y nos pusimos muy contentas al ver, luego de un rato de viaje, el cartel que decía “bienvenidos a mar del plata”. Otra vez, llegamos a mi casa sanas y salvas.

                                 ANTERIOR  VOLVER A INICIO