|
Para mis Amigos
A lo largo de
mi corta existencia, se puede decir que tuve la tendencia a ir recogiendo
todo lo que las oportunidades fueron presentando. En la vida, uno no siempre
se encuentra con hechos o cosas que le gusten o faciliten la vida, hay
también obstáculos, pruebas, desafíos. Algunos de éstos los provocamos
nosotros mismos con nuestro actos que parecen “no tener intención de”, otros
son sumamente ajenos a nuestras decisiones. Lo interesante es saber, cuando
se presenta un suceso de cualquier tipo, sacar lo mejor de ello y aprender:
cualquier cosa nos puede dejar algo positivo y entendiendo, podemos sufrir
un poquito menos, disfrutar más, recopilar ideas para seguir moviéndose uno.
A veces parece que todo viene mal, hasta que nos encontramos con una
sorpresa cuando todavía no nos dejamos caer: todo está interconectado, un
hecho lleva al otro y suele pasar que lo que nos resulta dañino en un
momento determinado fue la puerta que se abrió a una gran entrada en nuestra
vida. Pueden ser simplemente cambios, y que condicionándonos, nos preparen
para el próximo escalón que tal vez queríamos subir o no nos dábamos cuenta
que nos convenía o era buena opción.
Lo mismo, pasa con la gente. Nos podemos llevar mal, amar, o simplemente ser
indiferente (que es lo peor), pero deteniéndonos a ver sólo un segundo con
toda la atención podríamos descubrir de aquella gente características
particulares, propias de ese ser, y que nos enseñan otras formas, nos
muestran otras opciones que podríamos incorporar o no, pero en definitiva
mostrarnos lo que nos gustaría o no hacer o ser.
En mi vida un gran suceso, que me marcó, fue la mudanza de Comodoro a esta
ciudad; ese cambio me tocó mucho a los 7, y sufrí en su momento pensando que
estaría sola, abandonando a todas mis amistades, mi casa, mi primer grado.
No sé cuánto habré llorado, pero no sé tampoco que estaría haciendo ahora
allá, o si hubiera tenido la clase de gente que me rodea, las oportunidades
de una misma educación, la fuerza de decidir lo que quería estudiar y
llevarlo adelante: tal vez hubiera sido más difícil dejar a esta edad la
ciudad para ir a estudiar Bellas Artes a Bs.As.. Por ello “no hay mal que
por bien no venga”, y no hay nada, ni cambios, ni errores, ni desafíos que
nos tengan que producir el miedo paralizador.
|