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Con la excusa de que acamparíamos en un camping que ya no recuerdo el nombre, llegamos a Gesell sin saber en dónde pasaríamos la noche. En un principio seríamos sólo dos: Ximena y yo, pero se sumó un tercero: Juan. Él sabía de malabares y nosotras  teníamos las antorchas recién nuevitas para estrenarlas en los semáforos, pero ops!, al llegar realizamos que no había un solo semáforo en toda la ciudad.  

 Apenas pisamos Gesell encaramos para la playa, estábamos cargados de equipaje para pasar al menos una semana, así que decidimos armar la carpa para depositar las cosas ahí. Pero el tiempo pasó y nadie nos echó, y así pasaron dos días y continuábamos acampando en la playa. El primer día conocimos a un basurero el cual nos cruzaríamos en otras ocasiones durante nuestra estadía. Compartimos una cerveza con él y Juan arregló para ir a levantar basura uno de esos días, pero no pudo ser, porque llegó el tercer día y Juan tuvo que volver (gente laburadora vio!). Así que estábamos solas, Ximena y yo, y decidimos continuar en la playa. En uno de esos días conocimos a un grupo de amigos que acamparon a nuestro lado, entre una charla y otra les comentamos que hacíamos "algo así" como artesanías, y que teníamos ganas de empezar a vender, así que nos recomendaron un lugar en el cual podíamos acampar por sólo 4 pesos la noche. Estábamos cómodas en la playa, nos bañábamos de coladas en los balnearios, así que por el momento decidimos hacer a un lado la idea.  

Una noche fuimos a conocer una feria que quedaba bastante alejada, así que le dejamos el equipaje al portero del departamento que estaba alquilado en el momento pero que era de Ximena, y empezamos a caminar. En la feria nos encontramos con que al rato tocaría una banda, así que nos quedamos para escucharla. Cuando los músicos observaron que llevábamos antorchas en la mochila, nos pidieron si podíamos prender fuego mientras ellos tocaban, y eso hicimos. Tuvimos algunos percances, ya que poca experiencia teníamos con fuego, pero entablamos una buena relación con la banda que a propósito nos gustaba mucho su ritmo. Ellos nos volvieron a recomendar ese famoso lugar en donde paraban artesanos y salía sólo 4 pesos la noche, así que al otro día, cansadas de tener que cargar con el equipaje (ya no podíamos dejarlo en el departamento de Xime), decidimos  ir a conocer ese famoso lugar. Llegamos y nos encontramos con que a este lugar lo llamaban "comunidad hippie", tenía un quincho de 10 x 10 mts en donde dormía la gente que no tenía carpa, y en el fondo había un patio de 20 x 20 mts en donde se acampaba. El quincho tenía un baño de 1 x 0,5 mts, y que compartían las más de 50 personas que habitaban en el lugar. Y decidimos acampar. Ahí conocimos gente muy macanuda, estaban todos locos, pero tenían una locura sana. Desde esa noche fuimos todas las noches a la feria de la peatonal, exponíamos algunos aros y algunos collares. A mitad de la semana llegó mi hermana (había hablado por teléfono conmigo y había decidido colarse en el viaje). Vino con nosotras a la "comunidad hippie" (que a propósito ese lugar tenía bastante poco de hippie). Nuestro paradero era bastante particular, te despertabas con música (tocada en vivo), te acostabas con música, había mugre por doquier, y otras cualidades menores. El problema era cada vez que te querías bañar, por supuesto, en aquel baño de 1 x 0,5 mts se tenían que bañar más de 50 personas, aunque algunas se bañaban MUY de vez en cuando. Las noches en la feria eran bastante particulares; los artesanos cobraban todo muy caro (había gente de guita), y de fondo siempre estaba la banda que habíamos conocido en la playa que se juntaban a tocar los tambores. Uno de ellos hacía rastas, y una de las noches le regaló una a Xime.  

Luego de unos días mi hermana se fue y poco tiempo después llegaron dos amigos: El Palermo y Ale. Vinieron desde Mar del Plata en bicicleta, y luego de un día de su llegada nos fuimos de la comunidad y volvimos a la playa. Esa noche tocaría La Milonga de Alabum (la banda que habíamos conocido en la feria y que habían estado acampando con nosotras en la comunidad), así que fuimos a verlos. Estaban todos ahí, las más de 50 personas que convivían en aquella casa estaban haciéndoles el aguante. El recital estuvo muy bueno, la pasamos muy bien, tenían mucha garra para tocar y para generar clima de fiesta.  

Pasamos las siguientes dos noche en la playa con Ale y El Palermo, pero luego se subieron a sus bicicletas y volvieron rumbo a Mar del Plata. El viaje ya se había desgastado, más bien el inconveniente era la plata, así que ese mimo día decidimos volver para nuestra ciudad. Con los 2 pesos que nos quedaban a parte de los pasajes nos compramos dos empanadas y subimos al colectivo de regreso a nuestra ciudad.

 

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