

Lleguè a la sala de informática. Todo estaba calmado. Era un día normal. Los pajaros cantaban, las profesoras reprobaban, y yo ya había reventado un par de pelotas. Pensé "Faa, que buena vida... buenas minas, buen fútbol, a veces un ser humano puede ser feliz." Entré al baño, miré el espejo y exclamé:
"M--RDA, SOY YO!"