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La primer anécdota que merece ser contada es la del "Ataque Terrorista" en primer año del polimodal. Mi compañera de aventuras, era y sigue siendo la señorita Lucila Rubio.

Todo comenzó cuando nos enteramos que teníamos prueba de Física, obviamente ninguna de las dos sabía absolutamente nada. Luli tuvo la picardia de avisarle al profesor que se iba de viaje y que no iba a poder estar presente el día del exámen. Al rato, yo también le aviso que tenía que ir a ver un familiar a Córdoba, si mal no recuerdo. Le preguntamos si podíamos hacer un trabajo práctico con nota y dijo que lo iba a pensar, finalmente accedió.

Una tarde, tomando mate en la casa de Luli, planeamos un ataque al curso para el día de la evaluación. Buscamos ropa de nuestros papas para disfrazarnos. Yo tenía puesto un pantalón de guerra,un pasamontañas, anteojos, no se nos veía ninguna parte del cuerpo,no estabamos reconocibles.

Todas disfrazadas, entramos de sorpresa al curso, y mientras Luli hacia unos golpes de tae kwan do, yo grité con una voz ronca "Este es un ataque terrorista, tratratratra (tiros)". Al ver que todos los chicos estaban totalmente serios y duros, con Luli salimos corriendo, no nos daban las piernas. El preceptor gritaba "chicos, chicos".Después los chicos nos contaron, que cuando nos fuiemos, se empezaron a reir todos a las carcajadas, y algunos aprovecharon para copiarse. El profesor no se dio cuenta de que ramos nosotras, es más, supuso que ran chicas más grandes en la hora de teatro. Con Lu no podiamos parar de reirnos, nunca nos vamos a olvidar de ese día.

Otra anédota, fue la del baño en el Gimnasio Municipal Nº 1 de Mendoza, durante el viaje de Medio A mbiente.
Estábamos a punto de juntarnos en el patio para tener una charla, cuando a mi se me ocurre ir al baño. La puerta del baño estaba medio dura, entonces la empuje con fuerza y cerré con traba. El problema fue que cuando quería salir, la traba no giraba para ningún lado y por consiguiente no podía abrir la puerta. Camila que se estaba terminando de bañar, comienza a gritar pidiendo ayuda.
Yo quería salir por mis propios medios, entonces me subí al hinodoro luego pise el portarrollos y me colgué de la puerta. En ese momento no me di cuenta que tenia el techo a unos pocos centímetros de mi cabeza, y mucho menos que había un fluorescente justo arriba mío.
Al intentar salir doy un pequeño salto, y rompo con la cabeza el tubo de la luz, produciendo una fuerte explosión. En menos de un segundo Matías Vasoin, ya estaba adentro del baño conmigo rescatándome. Lo que nunca me voy a olvidar es la cara que tenia Rocío del Olmo al verme toda cubierta con vidrios. Me preguntaba si estaba bien y yo no podía contestarle. Me baje despacio y sacudí la cabeza para sacarme los vidrios y fijarme si me había lastimado. Recién ahí le pude contestar, me volví a subir a la puerta, y salí por el baño del costado, donde Federico Sasiain estaba esperándome con los brazos abiertos.
Lo mas gracioso de esta experiencia, fue que en ningún momento había estado encerrada, la traba abría para el lado contrario, (era distinta a las otras trabas) y la puerta estaba mucho mas dura, pero no era ninguna ciencia abrirla.