Mis viejos… Mari y Carlos.

 

 

 

 

Empiezo por mi mamá. Hija de padres que huyeron de Italia en la segunda guerra mundial, nació en Mar del Plata el 26 de agosto 1956. De familia muy humilde, mi vieja fue a una escuela pública e hizo hasta 4to año de la secundaria pero abandonó porque era necesario trabajar. A los dieciocho años se caso, y tuvo a mi hermana Maria Eugenia. Pero se divorciaron rápidamente por cuestiones económicas y mi hermana quedó al cuidado de la abuela paterna. Luego de trabajar varios años en una lavandería, por medio de un amigo conoció a mi viejo quien trabajaba en construcción. Con mucho esfuerzo mi mamá pudo abrir su propio negocio, una panadería, y es el día de hoy que mi madre sigue trabajando con su negocio, luchando para sobrevivir.
Mi viejo no tiene una historia muy distinta aunque varia en algunas etapas, como por ejemplo en el comienzo de su vida puesto que mi viejo fue abandonado. Pero fue adoptado por una señora muy humilde en el pueblo de Ayacucho, quien junto que 7 hermanas, lo criaron. Desde muy chico mi padre tuvo que trabajar para llevar dinero a la casa, por lo cual no tuvo la posibilidad de estudiar más que hasta 6to grado. Vida de juego y joda, mi viejo se las ingenió para sobrevivir a la dura época que le toco vivir, y a los 27 años vino a Mar del Plata a trabajar en la construcción (donde como ya conté, por medio de un amigo, conoció a mi mamá). Una anécdota curiosa pero muy bonita en la historia de mi padre, es que luego de 40 años, una hermana biológica lo busco durante mucho tiempo, y logró encontrarlo para conocerlo, y desde ese entonces, mi viejo mantuvo conexión con ella.