

Esta es la imagen de quien soy hoy, diferente a la de ayer, seguramente diferente a la de mañana.
Disfruto de la edad en la que los grises desaparecen, la edad en donde todo es blanco o negro.
En el momento en que los planes deberían ser todo, en que tendría que mirar sólo hacia adelante y no dejar de caminar, decidí sentarme a mirar las estrellas.
A partir de ahora, sólo puedo ir hacia arriba...
"Ya que no bastan -pensaba- los huesos y la carne para construir un rostro, y es por eso que es infinitamente menos físico que el cuerpo: está calificado por la mirada, por el rictus de la boca, por las arrugas, por todo ese conjunto de sutiles atributos con que el alma se revela a través de la carne. Razón por la cual, en el instante mismo en que alguien muere, su cuerpo se transforma bruscamente en algo distinto [...] Ya que el alma no puede manifestarse a nuestros ojos materiales sino por medio de la materia, y eso es una precariedad del alma pero también una curiosa sutileza."