Los simuladores: Version Antoña


Es increíble que el argentino promedio se jacte por haber tomado el camino fácil o, mejor dicho, por haber tomado el camino ilícito hacia la victoria. Obviamente, porque extraña razón del universo nosotros no íbamos a ser la excepción, digo nosotros refiriéndome a los protagonistas A, B, C, D, E, F.
Para comenzar el relato vamos a remontarnos en el tiempo, un día antes de un examen más que innecesario, pero examen al fin. Rayaba el sol en el patio y el cielo estaba despejado; estos son los dos factores necesarios para que termináramos tirados en el patio por poco durmiendo la siesta. Gozábamos de felicidad hasta que de la boca de uno de nuestros compañeros surgió el tan mal recibido “che, esto es una poronga. De alguna manera no hay que rendir esto”.
Sagrada frase.
Fue asi, gracias a Dios. ¡Qué honor!
Se idearon y reformaron muchos planes, y muchos dirían que no tendríamos los huevos para hacerlo, pero los tuvimos, y más importante que esto: tuvimos éxito.
Vayamos directamente a los hechos, era una cálida mañana de un martes, cuando llegamos al colegio ya mentalizados en hacer historia. Esperábamos que finalice el segundo recreo para comenzar escribir lo que sería una jugada maestra. El timbre tocó y todos entraron a clase. Todos, excepto hombre A, B y hombre C (que pertenecía a otro curso). Cuando la profesora con lentes de culo de botella entro al salón y tomó asiento, automáticamente, y según lo acordado, hombre D pidió que le redordara su nota en un pasado examen. Con esto ya nos asegurábamos que el cuaderno quedara vulnerable arriba del escritorio (o eso pretendíamos). Acto seguido, se le hace una señal a hombre A que esperaba afuera en el pasillo con hombre B, ya entrado en su personaje que más adelante explicaremos. Dada la señal hombre A entra de manera súbita y agitada al salón, pidiendo ayuda a la profesora, ya que hombre C se había descompensado y estaba recaído en el pasillo. Siguiendo al pie de la letra el plan, la profesora en el papel de heroína sale sin dudarlo y en busca de gloria. Ella empieza a asistir al muchacho mientras hombre A y D se encargaban de tapar el ángulo que daba con la visual justa a la puerta del aula, de esta manera hombre E podía hacer una señal desde la puerta a hombre F que, a la velocidad de la gacela, llegaría desde el otro pasillo con lapiceras de todos los modelos y colores imaginables, aunque terminó usando la verde. Mientras la profesora tomaba su  rol de rescatista de primeros auxilios, hombre F atacaba la planilla colocando humildemente un par de sietes por aquí y por allá, con la seguridad de que hombre D seguía siendo su fiel campana en la puerta. Terminada esta operación, hombre A y D observan que hombre F escapa por donde vino y reciben la señal de OK de la campana. Así, increíblemente y quizás gracias a las grandes actitudes de paramédica de nuestra profesora, hombre B se empieza a sentir mejor y se retira al buffet acompañado por hombre A quien se disponía a cuidarlo. Todos felices vuelven al salón y la profesora se dispone a tomar los poco recuperatorios que le quedaban, pocos ya que de manera inesperada siete personas menos, de dieciocho, tenían que rendir.
Una vez mas queda en evidencia las deficiencias del sistema educativo y demostramos que esa prueba/materia, como tantas otras, es totalmente inútil.
Todos felices, colorín colorado, este cuente se ha acabado.