Todo comenzó a la edad de 11 años cuando se me presento la oportunidad de ir a un colegio que decían valía la pena. Hice el curso de ingreso junto con la escuela (la cual tenia doble escolaridad), lo cual fue un esfuerzo bastante grande, pero estaba buscando cumplir un objetivo, y lo logré. Pude entrar, algo con lo que había soñado. Ya adentro comprendí el verdadero valor del colegio, me enseñó a pensar, a valorar mucho más las cosas, a mirar desde otro punto de vista, con otros ojos, a tener la cabeza mas abierta a nuevas ideas, cosas que posiblemente en otro colegio no se me hubieran inculcado tanto. Y más allá de todos los valores que aprendí acá, los cuales me definen hoy como persona, me encanta que este colegio te de tantas oportunidades de participar, desde un centro de estudiantes, hasta talleres de lo que puedas imaginar, olimpíadas, campamentos, viajes cortos y largos, intercolegiales de deportes, bandas de música. La verdad, que acá adentro podes desarrollar prácticamente cualquier tema que te guste o te interese, lo que es creo un privilegio que todos deberíamos aprovechar al máximo.
Y obviamente no se pueden, ni se deben olvidar todos los momentos vividos, todas las personas con las que compartimos estos 6 años de maduración que tuvimos para prepararnos para la vida. Los campamentos, las horas libres, El Parque (uno de los lugares más lindos de la ciudad para pasar las tardes de primavera con amigos), las personas especiales, importantes, que llegamos a conocer a fondo, con las que espero continuemos la relación durante toda la vida. Los profesores, preceptores, directivos, que se merecen una mención por lo que hacen por nosotros, por su trato, por buena onda.
El paso por el Illia es algo que me marcó y todo lo que aprendí y maduré acá, va a durarme para toda la vida. |