Hubo un tiempo que fue hermoso

1992. Nace Santiago en una familia de degenerados. Su padre, orgulloso por concebir una cría con posesión de miembro viril (o bien, un gran falo), se enardece superfluamente de la especie engendrada, vanagloriandose con litros de vino en cartón. Su madre, de extracción germánica, maldice ferozmente el producto del descuido y se propone sobrealimentarlo durante la lactancia y los primeros años de vida, suscitando un plan macabro plagiado de 'Hansel y Gretel' para acabar con la vida del engordado niño.

2000. Asiste a la escuela, donde aprende latín y a montar a caballo. Es ahí donde toma contacto por primera vez con los embutidos y muestra especial interés por los cortes muy finos de bife y jamón. Para cuando se gradúa, esto se ha convertido ya en una obsesión y, aunque sus tesis sobre 'El análisis y los fenómenos concominantes de la merienda de la tarde' llama la atención de los profesores, sus compañeros de estudio lo consideran estrambótico.

2005. Ingresa al colegio Nacional Illia, a instancias de sus padres, para seguir estudios de retórica y metafísica, pero muestra poco entusiasmo por los mismos. En constante rebelión contra todo lo académico, es acusado de robar pan y de llevar a cabo experimentos antinaturales con ese material. Las acusaciones de herejía casi determinan su expulsión.

2008. Desheredado, se refugia en la orientacion Arte diseño y comunicación donde, durante tres años, estudia intensivamente el queso y sus derivados. Contrae gran relación con Fede e Iván, con los cuales conforma un grupo delictivo bien conocido como 'Los Bichos Reactores', dedicado al vandalismo y la ultranza de gran variedad de estupefacientes.