El Illia resultó ser un lugar bastante adecuado para seres mágicos. No estoy muy segura de poder decir sus nombres, pero hay un par de personitas que guardan adentro suyo un ser muy, muy especial. Cuando me anoté en el colegio, lo que esperaba era un lugar donde todos fuéramos muy inteligentes y supiéramos hacer operaciones matemáticas complejísimas y pudiéramos escribir textos impresionantes. Íbamos a ser todos igualitos, todos genios, todos buenas personas y todos amigos. No esperaba que me cambiara tanto la vida. A lo largo de estos 6, 7 años, todo lo que soy salió a la luz lentamente. Un día hasta me animé a decir que era un duende. Creo que lo que de verdad encontré acá adentro –y seguramente muchos de nosotros- fue un espacio vacío con un cartel que decía “Sean”. Y al principio, claro; pensás que eso significa mostrame tu inteligencia, hacé cosas geniales, sobreexigite, mostrale al mundo que nadie puede ser mejor que vos. Entonces 7mo fue una cosa bastante particular, donde al menos yo me preocupaba muchísimo por hacer toda la tarea y aprobar todos los exámenes, y esas cosas. Creo que por suerte no tardé mucho en entenderlo. No tenía que hacer esas cosas. Con mis ganas de aprender bastaba, escuchaba las clases porque me interesaba y no para demostrar nada. Así de a poco fui adquiriendo cada vez más  capacidad para organizarme responsablemente, sabiendo que había cosas que tenía que hacer si quería aprender, y otras que tal vez no necesitaba. Entonces podía dedicarme a otras actividades, es decir a disfrutar del pasto con todas las personitas lindas que encontré acá adentro. Sé que a muchos nos pasa lo mismo. El Illia resulta ser el único lugar en el mundo en el que uno puede sentirse cómodo y feliz. A algunos no les pasará, qué sé yo. Pero llega este momento y no me quiero ir. Saber que hay que empezar en otro lado donde tal vez no vaya a encontrar el espacio suficiente para ser. Y se sabe que la vida no se acaba, ¿cómo podría pasar eso si todavía hay tanto por pintar? Pero no se siente así.
No me pareció importante hablar de las cosas que hice, las que no hice, de las notas que me saqué o de los lugares a los que viajé. Este colegio me transformó en una persona que sabe mirar. Aprendí que aunque a veces cueste encontrarlas, siempre hay otras personas que me van a querer mucho. Aprendí que siempre pero siempre va a haber alguien más inteligente que yo, porque somos todos tan distintos. Aprendí que hay cosas que me hacen feliz y entonces tengo que hacerlas y ya. En el Illia queda seguramente la etapa más importante de mi vida, la gente que va a estar para siempre, los colores que no me arranca nadie de las manos. Hace 6 años tenía muchas ganas de entrar a este colegio. Y qué bueno. ¿Cómo sería mi vida si no hubiera venido al Illia? Sería un duende hippie que hace música en una plaza, muy probablemente. Sería feliz, seguro. Pero no sería Flo.