Soy Flo. Ya llevo 18 años siéndolo, y ser una Flo no es cualquier cosa. Una Flo, para los que no saben, es un duendecito que vive en los rincones de los mundos grises, intentando pintar todo de colores. Claro que cada Flo tiene sus cosas particulares. En mi caso, me gusta el cine, el arte, la magia –que gobierna al Universo y es lo que me mantiene viva-, las alfombras y el pasto porque se hunden cuando apoyás los pies, las personas raras, recortar papeles, aprender millones de cosas nuevas cada segundo e imaginar que soy una nube perfectamente blanca que reluce al Sol. Hay muchas otras cosas que no me gustan, también. Cosas como la lavanda, las normas sin sentido, los chicles, los edificios cuadrados, las personas que te dicen inmadura, las lágrimas, las cintas que bloquean el paso, o los lápices de escribir.
La vida de Flo, quiero decir mi vida, no es una vida como la de cualquier otra Flo. Resulta que yo tengo un Camilo, que es algo así como el nene más lindo que hayas visto, que tiene 2 años y casi tres cuartos, y que es una de las pocas cosas que puedo ver fabricar magia todo el tiempo. Resulta, también, que este Camilo en particular es mi hijo, y que espero pueda, como yo, pintar de colores los mundos grises.