Mi primera nota en el Illia fue un 1 en séptimo, cuando en la segunda clase de biología la profesora tomó oral sorpresa. ¿A quién llamó primero? Sip, ¡a mi! Me preguntó sobre la fotosíntesis, ante lo cual contesté: “No sé nada” (aún no comprendo porqué contesté esto si en la primaria lo vi).
¿Saben cuál fue mi primera nota en Exactas? Un 1 en un examen diagnóstico de Química. NAH, ¡¡¡¡SI MIS COMIENZOS REALMENTE FUERON MUY MOTIVANTES!!!!!!!!!!!!!!
Y así es este camino transitado por este hermoso colegio. Con subas y bajas, tanto en el ámbito académico como en lo personal.
La esencia del colegio es algo que no se puede explicar. Con el transcurso de los años, a medida que se te va abriendo la cabeza, al Illia le vas encontrando “fallas” y te das cuenta que no todo es tan lindo y perfecto como en un principio crees.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pero aún así, el Illia se convierte en una de tus pasiones. Es parte de una y no se imagina sin él. El Illia te cambia, para bien y para mal. Te enseña sobre los demás y sobre vos misma. También creo que si lo permitís y le pones ganas, el Illia te potencia y te hace creer en vos.
La reflexión es un poco más profunda, pero ayer terminé la monografía y la verdad que desintegré
mis neuronas y las ganas de escribir. Además seguramente ya se aburrieron, así que hasta acá llegué :)