Mi paso por el Illia


Mis años dentro del colegio fueron de las cosas más lindas que me pasaron. Estoy orgullosa de haber pasado seis años de mi vida acá, amé cada rato que pasé, cada clase, cada recreo, cada pelea con mis amigas, e incluso hasta las discusiones con los profesores.
El colegio te hace conocer personas increíbles, genera un sentimiento de pertenencia, el cual hace que te sientes a estudiar por las ganas de quedarte, porque sabes que muchas personas quieren entrar, y que vos puedas ocupar esa silla, pasar un rato en ese patio es algo que hay que valorar.
Me inscribí en el ingreso el último día de inscripción porque mi mejor amiga lo iba a hacer, y cuando ella desaprobó el primer examen de matemática quise dejarlo. Por obligación de mis viejos seguí y entre 44, mi número favorito. No me motivaba empezar, me había separado de mi grupo de amigas porque ninguna había entrado, no conocía a nadie. Mis papás insistían con que no perdiera esa posibilidad y parte de séptimo la hice por obligación. Pero el colegio se hace querer. Con el tiempo fui haciéndome amigos y el colegio se convirtió en mi segunda casa.
Los primeros tres años son los peores, quilombos y peleas que terminan siendo anécdotas.
En noveno empieza el problema de elegir orientación, separarte del curso, no saber que seguir.. Terminé eligiendo por lo que me dijeron, fui con mis amigas a sociales y se me hizo liviano. En quinto empezó a agarrarme la nostalgia de saber que ya me quedaba poco, y ahora, a dos meses de irme, agradezco a cada persona que el colegio me hizo conocer, todas las posibilidades que me dio y todo lo que me llevo de acá. Me duele tener que irme, no me gustan los cambios pero son etapas y lamentablemente la mía está terminando. Espero disfrutar a fondo lo que me queda, la semana feliz, la fiesta de egresados y siempre tener recuerdos de las cosas que pasé acá adentro.
El único consejo que puedo dar es que disfruten cada minuto y no lo desperdicien peleando, el tiempo pasa muy rápido.