Mi paso por el Illia, como el de casi todos, fue muy especial. Decidí hacer el ingreso porque mi hermana habia concurrido a este colegio y siempre hablaba muy bien de él. El primer año era todo nuevo, no sólo estaba en la secundaria, sino que estaba en un colegio, el único en Mar del Plata, que depende de la Universidad, ese del que tanto habla la gente. Los siguientes dos años no me gustaba, no disfrutaba su formato, no me iba bien en las materias exactas y lo único que quería hacer era jugar al voley, pero mis papas no me dejaron cambiarme. Pero los últimos 3 años agradecí su decisión porque me di cuenta de la posibilidad que tenia, las libertades que te da el Illia, el cariño de los preceptores, las actividades que se realizan, son únicas. Hoy, en mi último año estoy feliz, no quiero egresar e intento disfrutar todo lo que puedo lo que nos queda. El Illia es como una segunda casa y de él me llevo las mejores relaciones y momentos de mi escolaridad.