¿Habré quedado? ¿y si quedé afuera de los 120? Bajé del auto y empecé a buscar mi nombre...Después de un rato lo encontré. Ahí estaba, Luciana Urruty, puesto 40. Había entrado al Illia. Después de muchos nervios, del largo ingreso y todo, ya estaba aliviada. Comenzaría entonces los primeros días en el Illia. Me encantaba. El hecho de tener casilleros, las horas libres, el patio inmenso, la libertad con responsabilidad. Era hermoso realmente. Poco a poco fueron pasando los años..séptimo....octavo...noveno... las fiestas de quince. Los campamentos, el de séptimo, que terminamos todos empapados por las bombuchas que nos tiraron los profes, haciéndonos creer de que era helado. El de la brava, en el cual tuvimos una carpa para ocho personas y éramos cuatro: tremendo frío nos agarró. En esos tres años hice un par de talleres, el de OEA, natación y francés. Del último sólo entendí el "Je m'apelle Luciana". Terminado noveno, teníamos que elegir qué modalidad seguir. El test me había dado 7 en exactas, 5 en sociales y 3 en comunicaciones. Pero me decidí por sociales. Me acuerdo que el primer día fue raro porque era una mezcla de todos los cursos. Sin embargo formé muchas amistades. En cuarto hicimos un viaje a Buenos Aires, con Evangelina Aguilera. Y luego el campamento de Ventana. En 5to hicimos otro viaje, pero con Historia, con Moggia. (eje conceptual), fue un viaje genial. Ya finalizado 5to año en diciembre teníamos el campamento de medio, ese si que no me lo olvido más. No me alcanzan ni las hojas ni las palabras para decir lo que fue ese viaje. Simplemente, hermoso. Y después del viaje, el gran verano, empezábamos sexto. Primer día de clases: un super festejo en la puerta del colegio. Contábamos los días para irnos a Bariloche 5 meses, 3 meses, 12 días, mañana. Otro viaje genial pero que pasó muy rápido y cuando nos dimos cuenta, ya estábamos volviendo para Mar del Plata. Luego vino el taller de acompañantes, con sus juegos y anecdotas graciosos. Y si respectivo campamento: en los juegos nocturnos jugamos a luces y sonidos en un laberinto gigante, que te super perdías. Pero fue genial. Y también tuvimos un metegol humano. Durante todo sexto nos acompañó "el tano", un estudiante de intercambio proveniente de Italia, al principio era medio tímido pero después se desenvolvió y logró adaptarse muy bien. En septiembre vuelve para su país. Quedan ya pocos meses para terminar el año. Ni siquiera quiero pensar en eso, porque no quiero dejar este colegio, me enseñó mucho y formé amistades que aunque sé que van a perdurar, no las voy a ver tan seguido como lo hago ahora en el secundario. Pronto va a venir la semana feliz, la fiesta de egresados, la colación. Seis años se pasan muy rápido, y no lo sentís hasta que te vas. Tempus Fugit.
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